
El encarecimiento sostenido del gas licuado de petróleo y del diésel golpea los bolsillos de las familias, transportistas y pequeños negocios, impulsado por factores internacionales y climáticos.
La economía de los hogares, transportistas y pequeños negocios peruanos enfrenta una presión cada vez mayor debido al incremento progresivo del gas licuado de petróleo (GLP). Durante el mes de octubre se registraron subidas sucesivas en los combustibles, una tendencia que se traslada directamente al consumidor y genera profunda preocupación por el encarecimiento del costo de vida y la canasta básica.
Esta situación internacional se ve agravada por el alza de combustibles como el diésel —afectado por tensiones geopolíticas y problemas en el mercado energético internacional, en especial en el estrecho de Ormuz—, así como por la alta demanda global de hidrocarburos. Paralelamente, las condiciones climáticas adversas asociadas al fenómeno El Niño están castigando la oferta agrícola, sumando más presión sobre los precios de los alimentos de primera necesidad.
El impacto en el balón de gas doméstico en Tacna
El incremento del GLP se refleja de manera directa en la presentación doméstica. En Tacna, el balón de gas de 10 kilogramos ha alcanzado los S/ 70, cuando hace menos de un mes se comercializaba alrededor de los S/ 60.
De acuerdo con los distribuidores locales, el precio experimenta incrementos semanales de aproximadamente S/ 2.50, lo que genera alerta ante el riesgo de que las distintas marcas alcancen los S/ 80 si los reajustes persisten.
GLP vehicular y su repercusión en el transporte
El sector transporte tampoco es ajeno a esta crisis. En estaciones de servicio como Repsol y Primax se reportaron subidas progresivas en el GLP vehicular durante octubre, acompañadas de episodios de escasez.
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Hace apenas 15 días, el galón se encontraba a S/ 6.49.
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Para el martes 3 de noviembre, el precio escaló hasta los S/ 8.59.
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Supervisores de estos establecimientos advirtieron que un nuevo reajuste elevaría el galón a S/ 8.99.
Este escenario significa un duro golpe operativo para los conductores, especialmente taxistas y transportistas, cuyos mayores costos amenazan con trasladarse a las tarifas que pagan los usuarios diarios en la región.











